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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Entre tus manos

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Hay demasiadas cosas que aún tengo que conocer de ti, detalles, como por ejemplo; si eres de los que miran con nostalgia por la ventana del autobús o si eres de esos, que analiza a cada persona que entra. Si de vez en cuando, juegas a mi rompecabezas de intentar averiguar cuáles son las penas que acarrea cada cuerpo, de donde vendrán,  si ellos también están enamorados o si lo estarán algún día. Puede que incluso acaben prendados de tú sonrisa, pero esperemos que no, porque yo quiero ser la ocupa de tus labios por mucho tiempo. Me gustaría saber, si también caes en la tentación de tararear tú canción favorita cuando suena en la radio o si algún día, pueda ser el motivo de que tengas dos pies derechos y no puedas levantarte ninguna mañana con el izquierdo.  Hay tantas cosas que hago en mi cabeza, que por un momento, quisiera escribirlas en una lista.Como quien no escribe la lista de la compra.Pero sé que eso no es posible, porque si algo he conocido de ti, es que tienes un don por la …

Veinte y cuatro

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No seré la primera ni la última que escriba acerca del amor.  No diré algo que alguien no haya dicho a estas alturas y es que, habrá escritores que hagan sentir a sus lectores, cada gramo de este sentimiento mejor, de lo que yo jamás podré hacer, pero no me privaré del placer de escribir (te).  De poder decir (te), que eres lo mejor que me ha pasado en años.  Siento la necesidad de susurrarte todo lo que mi corazón bombea, todo lo que mis labios encierran, en cada suspiro.  Tus ojos, son campos de verde intenso y tú, eres la poesía escrita en cada beso. No sé cómo explicar que me importas más de lo que nunca querré admitir y que, aunque no lo parezca, tus abrazos son un bien necesario.  No miento si digo que,  los poetas románticos ya hablaban de ti sin conocer tú sonrisa, sin ver tú timidez escondida tras esa mascara de dureza, que me hace sonreír y a su vez, tiritar de placer.

El sexo de la risa

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Dura de cabeza y corazón, siempre me has definido así, como una chica extraña. Me resulta ridículo escribirte una carta, porque tienes garabatos míos hasta en tu diario, marcas de mis golpes en el recuerdo, amor de mis manos deslizándose en tu cara, todos mis susurros detrás de tus oídos. Pero, a veces, tengo miedo. Miedo del que cruzas sin mirar, vives sin control y pierdes el sentido. Tengo miedo de no poderte decir suficiente cuando te miro, de no saber expresarme cuando te toco, de que no entiendas mi lengua cuando te recorro, de que te asuste más de lo que me asusta a mi admitir. Te lo soplo aquí, en este código que yo manejo y tú comprendes, que los kilómetros que nos separan siempre equivaldrán a las ganas de dejarnos sin aire. Que aquí, mientras la gente vuelve de trabajar, alguien olvida las puntas de tus dedos, tus ojos verdes... Y tengo miedo. Miedo de que algún día te canses de llevarme en brazos a casa cuando bebo más de la cuenta y besarme las comisuras y esperar tras el crista…

De las islas a ti

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Ojalá escribir llevase tú nombre y poderte nombrar cada día. Serías tan intenso como un atardecer de verano. Pero en cambio, te dignas a ser la enredadera que baja por las curvas de mi figura, y te juro, que eso, es mejor que cualquier puesta de sol, cualquier noche de fiesta, cualquier concierto.  No te cambiaría ni por un millón de deseos, y es que, el único que quiero, es el de tú mirada y tú preciosa sonrisa, acelerando mi circulación. Mátame y resúrgeme, en cada suspiro. Yo seré la musa de todos tus sueños, de tus noches y días, seré el colchón y el vacío al que te arrojes. Seré todo, porque yo, de aquí sin ti, no me voy.