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Explosiva

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Ella siempre fue dinamita a punto de estallar.  Soñaba con eclosionar y arrasar todo a su paso, no le tenía miedo a nada, arriesgaba sin pensar en las consecuencias. Nunca quiso reconocer que era pura heroína para los drogadictos del amor, un huracán para aquellos que viven de los sentimientos, la adicción echa persona.   Ella era la reina de los desastres, tenía la capacidad de crear el caos en cada beso y declararse inocente de todo acto, con una sola mirada. Descomponer corazones era su entretenimiento preferido y despedazarlos, una adicción. Cada vez que salía, el mundo entero se rendía a sus pies y como buena homicida, juraba invocar al diablo y proclamarse libre de pecado, en cada copa que bebía. Llevaba tatuado en el corazón la palabra dolor. Y aunque negara no tener amor en vena, todos sabíamos que la razón de su forma de ser, aun llevaba inscrito un nombre y apellido.

De volver a volar solo hay dos letras

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No sé cómo no lo vi venir. Si en cada abrazo escondíamos un cuchillo tras la espalda de la opuesta, como si supiéramos que la única manera de salvarnos de un mundo que no nos aceptaría era aprender a protegernos la una de la otra.
Si en todas las fotos en lugar de mirar a cámara nos mirábamos sonreír. Convencidas de que tal vez nunca volveríamos a hacerlo.
Ella era como un granizado de limón cuando tienes una herida abierta en la lengua. No te la hubieses perdido ni por todo el dolor del mundo.Supe que yo por ella cogería cualquier tren y, a su vez, que ella por mí se ataría a  las vías que hiciesen falta, sabiendo que yo iría una vez más a salvarla.
Al poco tiempo desaparecimos. Como desaparece el verano o tu plato favorito: sin que te des cuenta. Dejándonos disfrutar de nuestra distancia hasta hacernos tan pequeñas que, convertidas en ausencia; olvidásemos si quiera percibirnos.
Nos abandonamos como el que aprueba la asignatura más difícil y olvida el contenido tras la celebración.

Girls power

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Se rompió la cadena que te ataba a todo aquello que él quería. Se rompió la noción del tiempo y espacio que él pretendía acaparar en tu vida. Siempre estuviste al borde del precipicio, queriendo volar, pero con temor a caer. Tenía el presentimiento de que eras bruja y que entre tantos golpes, chillidos y sumisión, cogerías la escoba y en vez de barrer, te echarías a volar en la noche.
Sabía que eras lo suficientemente valiente como para plantar cara al miedo y alegar, que las princesas no necesitan cretinos que las quieran, ellas saben quererse por sí solas. 
Ahora los días volverán a ser tuyos y las noches de la lujuria. Se ha roto el castillo de cristal donde albergabas tu corazón, a la espera de alguien mejor.Comprendiendo, al fin, que las riendas de tu vida las marcas tú y nadie más.
Y que cerrar la boca ante el machismo, es retroceder.