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Mostrando entradas de diciembre, 2014

Nuestros desastres

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De que me sirve tener un corazón a prueba de balas si lo que me mata es tu boca. A lo mejor es que soy masoca y necesito de tus arañazos para creer que he recuperado una de mis 7 vidas una de esas que tire por el precipicio antes de buscar(te). Me da igual que sea una bala perdida ahora que he encontrado en tu ombligo el epicentro de la tierra, ahora que se que soy capaz de matar un terremoto si se cuela entre tus piernas.
 Pero no vengo a hablar de mi si no de ti y es que se lo mucho que haces por la gente que quieres.Eres  fuerte, pero ser valiente no significa no llorar, no reír, no sentir, no caer, no tropezar o incluso  no cicatrizar.
Aun así, no me imagino un otoño sin deshojar tus parpados, sin ser los hijos vástagos de una generación que  no creía en el amor. No me imagino vivir sin hacer manifestaciones en tus caderas para denunciar lo desacuerdo que estoy con el mundo, sin decidir si salgo a flote o me hundo entre tus piernas, sin apuntarme al derroche de saliva, a tus idas …

Hoy

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Dejemos que el tiempo pase, que la lluvia cubra los cristales que nos evaden de la realidad, Dejemos que las gotas se deslicen, haciendo carreras entre ellas, y corran, y se alejen... Y me recuerden, a todas esas personas que como ellas, también decidieron correr, correr en mi contra,  y alejarse, como si no quisiese la cosa. Algunos, llevan tantos kilómetros recorridos que ya, ni si quiera distingo su sombra desde esta lejanía. Quizás, debería volver a asumir, que por mucho que quiera, nunca volverán. Que esta cadena perpetua de soledad, me sigue asfixiando cada día que pasa. Y aún así, a veces me invaden estos rayos de esperanza, deseando que alguien vuelva y me diga, que aún sigue ahí (y que de verdad lo demuestre).

Drogas duras

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Los días de verano le recordaban a su locura y el otoño a el, a su incomparable olor, a su sonrisa, a su mirada...
Se paraba y respiraba profundo, cogía aire y expulsaba todos males que podía acarrear aquel cuerpo.El respirar le aliviaba, le transportaba relativamente cerca de donde ella quería estar.
Le gustaban los días otoñales, de sol y frío seco. Era romántico pasear entre hojas caducas, sacudirlas y contemplar el paisaje, la gama de colores que se divisaba en el horizonte.
También le parecía bonito, mirar hacia un lado y ver su brazo rodeandole, sentir su calor y no poder dejar ni un minuto de contemplarle. Podría pasarse la vida mirandole en silencio y no cansarse. Para ella, aquella escena no necesitaba palabras, hablaba por si sola.
 Entre el silencio, siempre era su sonrisa la que rompía la tranquilidad y es que era inevitable que no lo hiciese... Era la sonrisa más bonita que le habían dirigido jamas, con la que ella disfrutaba
y tiritaba
y se moría de placer.
Y es que exis…