Drogas duras

Los días de verano le recordaban a su locura y el otoño a el, a su incomparable olor, a su sonrisa, a su mirada...
Se paraba y respiraba profundo, cogía aire y expulsaba todos males que podía acarrear aquel cuerpo.El respirar le aliviaba, le transportaba relativamente cerca de donde ella quería estar.
Le gustaban los días otoñales, de sol y frío seco. Era romántico pasear entre hojas caducas, sacudirlas y contemplar el paisaje, la gama de colores que se divisaba en el horizonte.
También le parecía bonito, mirar hacia un lado y ver su brazo rodeandole, sentir su calor y no poder dejar ni un minuto de contemplarle. Podría pasarse la vida mirandole en silencio y no cansarse. Para ella, aquella escena no necesitaba palabras, hablaba por si sola.
 Entre el silencio, siempre era su sonrisa la que rompía la tranquilidad y es que era inevitable que no lo hiciese... Era la sonrisa más bonita que le habían dirigido jamas, con la que ella disfrutaba
y tiritaba
y se moría de placer.
Y es que existían las drogas duras, pero por encima de todas siempre estaba él.
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Comentarios

  1. Te estás volviendo una poeta canija.

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    1. Muchas gracias Nerea, me sonrojas :) jajajajaj cada día intento mejorar un poquito mas, quizás algún día llegue a escribir como tu

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